martes, 7 de diciembre de 2010

Acto I: Presentación

Ah, sí, claro. Una presentación, un comienzo. Todo lo necesita, ¿verdad? ¿Qué sería de nosotros sin un nacimiento, sin algo para empezar?
A veces es mejor iniciar desde el principio, pero ese no es mi estilo de hacer las cosas. No, no penséis que soy muy ordenado, porque os estaríais mintiendo descaradamente a vosotros mismos. Pero intento encontrar la perfección en mi desorden.
Un pequeño detalle sin mucha relevancia: Morirás.
¿Qué habrá sido de mis modales? Mi nombre es Caleb. El vuestro no me importa. Simplemente me la suda vuestra identidad.
Un comentario al detalle antes mencionado: Era broma. Estoy seguro de que os habéis reido mucho.
A casi todo el mundo le cuesta creerme. Digo que soy justo y es cierto y si lo digo yo, hay que asimilarlo. Vamos, es broma (de nuevo) No soy violento salvo cuando la situación me lo pide. Puedo ser muchas cosas: agradable, amable, afable e incluso algo antisociable, y eso sólo son unos pocos adjetivos por la "a". Pero no me pidas que sea simpático. Eso no va conmigo. No me gusta fingir algo que no soy. Y por eso no lo seré.
Respuesta: ¿No te lo crees? Insisto: No seas idiota. Aún no es tu turno.
¿Qué pensaríais si os dijera que soy la personificación de la muerte? Vale, lo admito, no es cierto. Aunque cuando llegue tu hora te encontraré tumbado, pues pocas veces morimos de pie, sería algo chocante, con el rostro pétreo y sin una gota de vida en tu putrefacto y asqueroso cuerpo comido de mierda y atacado por los gusanos. No es una imagen muy bonita. Qué más da, nadie dijo que la muerte lo fuera.
Me llevaré tu alma y la conduciré al Infierno para que se te queme el ego ese tan enorme que caracteriza a los humanos. ¿Y por qué no al Cielo? Estarás pensando. Vamos, no seas mentiroso. Todo el mundo comete pecados. Y sí, fumar es un pecado. No me mires con esa cara de inocente, que sabes que follar también lo es. El Cielo es aburrido y nada placentero. No hay alcohol, ni esclavos dispuestos a saciar nuestro apetito. ¿Te he convencido? Hay personas que llevan su propio infierno a cuestas. Como pr ejemplo...Ah, sí, ella. Grace Miller. ¿Qué quién es? Una vieja amiga mía. Por alguna razón que desconozco, se aferra a la vida a pesar de que la suya es una mierda, todo sea dicho. Tan sólo tiene dieciocho años y ya se prostituye. ¿Que por qué? Pues obvio, sus padres la echaron de casa y no encontró otro trabajo. Noche sí y noche también en distintas camas, satisfaciendo a vejestorios salidos que esperan su última y patética erección y, cansados de tantas ampollas debido a las pajas, pues se van de putas. Qué denigrante. Reconozco que la pequeña Grace es valiente. Sigue aquí, sin ningún deseo de desear la muerte. Un por qué. Aún cree que encontrará el verdadero amor entre las sábanas y caras enrojecidas de pervertidos. Qué tierno, ¿verdad?
Un anuncio reconfortante: A pesar de las amenazas anteriores, conserva la calma. Aún te queda un poco de vida entre tus mugrientos huesos. No soy violento, lo entiendes, ¿verdad?
Tal vez a Grace le quede poco tiempo de vida. Oh, no,no soy tan malo. Me gustaría jugar un poco con ella. ¿Y si hago que se enamore de mí? Es cierto, soy malvado. Pero tan sólo es un juego.  

lunes, 6 de diciembre de 2010

Masquerade


A veces intento saber que se cuece en las cabezas de las personas que me rodean, que componen mi mundo. Pero es muy difícil. La gente se encierra en su jaula de hipocresía y cinismo y no deja que nadie perturbe su perfecto y organizado mundo, ése que dicen tener. Me molesta que se coloquen una máscara, decorada con odio, rabia e indeferencia, dejándome fuera de su círculo.
Nunca he sabido la razón, tal vez porque nunca la he preguntado. ¿Debería? Tal vez no, es mucho mejor relevarse a su nivel e imitarles, no hay esfuerzo. Pero, qué demonios, me haré yo misma mi propia máscara, quizás así alguien se la quite y me pregunte por curiosidad.
Será que el gato mató a la curiosidad, que ahora yace entre mis manos como un pajarillo inerte. La curiosidad ha sido destruida, pero todos aportamos nuestra puñalada.¿Deberíamos dejar que vuelva a sonreir mientras espera la exterminación del gato?
A lo mejor. Yo creo que el mundo está lleno de detalles que nos perdemos por no ser lo bastante curiosos. No sé vosotros, pero yo me quito la máscara y me atrevo a ser ese valiente gato que indagó. Tal vez la curiosidad se alegre de que alguien vuelva a llamarla.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El viajero sin brújula.

 

Caminé en silencio, con un cigarro encendido entre los labios, mirando cómo la columna de humo ascendía en espiral, desapareciendo entre la niebla y fundiéndose con el frío húmedo de la mañana. No tenía más equipaje que lo puesto, un paquete de tabaco en el bolsillo derecho del pantalón y dinero en el izquierdo, ni siquiera me había molestado en coger las llaves de mi casa, no me harían falta nunca más.
No sabía dónde iba a ir, pero no me preocupaba. Andaría hasta cansarme y, cuando gastase todo lo que llevaba, esperaría en una esquina a lo que me deparaba el camino. Buena y mala suerte se habían agarrado de la mano, pactando dejarme en paz, a mi suerte, siguiendo las reglas del destino. Se les había olvidado que yo no cumplo reglas. Yo mismo elegía el azar, adivinaba mi partida al tirar los dados, dibujaba mi camino con los ojos vendados.
No hay más placer que librarte de lo que oprime, cuando suspiras aliviado y sientes que vuelves a tener un corazón latiente en esa caja vacía que era tu pecho. ¿Qué sería de mí? Quién sabe, tan sólo que a partir de ahora era libre y estaba dispuesto a vivir de nuevo, a intentarlo otra vez.
No llevaba brújula, sin embargo supe que apuntaba directamente al Sur. Contradictorio, ¿verdad? No me gusta seguir el Norte, allí es dónde van todos, con ansias de algo mejor. Quizás lo encuenten, pero lo que buscan sólo pueden fabricarlos ellos mismos. 
Pero, aunque diga y me repita que no volveré, soy testarudo. No voy a desandar mis pasos porque me invada la nostalgia, tan sólo es que aún me queda mucho por vengar y muchas batallas que ganar.


sábado, 4 de diciembre de 2010

Sobre fotos e instantáneas.

 

Me senté en la cama, con el grueso álbum de fotos en las manos, esperando ser visto una vez más. Apoyé la espalda en la pared y coloqué el libro en mi regazo. Lo abrí con cuidado, casi como fuera a dejar escapar la más feroz de las bestias. Aunque, en cierto modo, los recuedos pueden ser la peores armas.
Me encantaba dejar salir las fotos de su compartimento y esparcirlas por la cama. Así nunca estaban en perfecto orden y la siguiente vez que lo abría parecía ser un álbum nuevo. Las iba cogiendo una a una, mientras me tumbaba bocabajo. Las observaba y sonreía. A veces me preguntaba a mí misma: "¡Mira! ¿Te acuerdas de ésta?" Las saboreaba, trasportándome a ese lugar, a ese momento que con un simple gesto se había tornado inmortal, conservándo lo éfimero.
Algunas eran antiguas, una "yo" mucho más pequeña y feliz, de mejillas sonrojadas y llenas de chocolate, con el pelo corto y rizado que tanto le gustaba a mi madre, y que tras años se volvió más liso.
Otras eran más actuales, con amigos, con familia, de mí misma en mis divertidos momentos de aburrimiento. Tras mucho buscar, encontré mi preferida.
Yo miraba a la cámara y sonreía, sujetando una gran piruleta roja con forma de corazón. Llevaba mi vestido favorito, uno color celeste y las trenzas desechas, tras horas de intenso juego con mi perro, que posaba junto a mí, con la lengua colagando y una mirada cómplice en nuestros ojos juguetones, como si él y yo guardásemos el mismísimo secreto de la amistad.
Sonreí en la soledad. Cuántas cosas habían cambiado desde aquellos tiempos, cuántas para bien y otras tantas para mal, haciéndonos caer y como consecuente, volvernos más fuertes. Cuánto habíamos crecido y cuántos amigos se habían perdido, ésos mismo que con una simple sonrisa juraron fidelidad, para traicionarnos, para marcharse por un buena razón, por un mal motivo.
Las fotos eran lo único que quedaban para poder recordar esos pequeños fragmentos de tiempo, esos segundos congelados en la eternidad.
¿Qué sería de nuestra vida sin fotos? ¿Sin poder recordar? Pero, seamos sinceros, muchas de ellas se perderán en el olvido, sin jamás ser recuperadas.

Buenas noches...


Llegué a casa, era realmente tarde, seguro que ahora recibiría una bronca de mi madre. Bueno, estoy acostumbrada, siempre me dice lo mismo. Dejo el bolso en la percha del recibidor y suspiro hondo, antes de abrir la puerta del salón.
Me quité los tacones y me puse de puntillas. Abrí la puerta de cristal opaco y me asomé un poco. La luz del final estaba encendida, confiriéndole a la habitación un aire de calidez y comodidad, como si me estuviera dando la bienvenida al hogar. Pasé y cerré la puerta. La calefacción estaba encendida y lo agradecí, ya que venía tiritando de las frías calles. Tal vez mi padre lo dejó todo así para mí. Sonreí, mi padre era la mejor persona del mundo. No obstante, había en la estancia un penetrante olor a alcohol. Pensé que era yo.
Caminé hasta el sofá, para sentarme un poco y descansar mis magullados pies. Dios, no debería haberme puesto estos zapatos.
Me quedé paralizada, se me cayeron los tacones al suelo, la barbilla empezó a temblarme. Me acerqué más al sofá. Mi madre yacía allí, con los ojos abiertos, mirando al infinito. Una botella de ron vacía descansaba en su flácida mano, otra en la mesita, junto a un paquete de pastillas.
No podía ser. No podía estar muerta. Me negaba en rotundo a esa realidad. Cogí una manta del respaldo del sofá y la tapé con ella. Le cerré los ojos y le quité la botella de la mano, colocándola a mi lado en el suelo. Me arrodillé y apoyé el rostro en su pecho, no sin antes darle un beso en la mejilla, aún cálida.
-Buenas noches, mamá- dije cerrando los ojos- Perdóname por llegar tarde.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sinopsis: "No es lugar para vivos"

 

La mente humana es compleja y contradictoria, guardiana de todos nuestros secretos más oscuros y muestros pensamientos más egoístas. 
No sabemos hasta que punto puede una persona odiarse a sí misma y convivir con su propia rabia día tras día, conviviendo con alguien que no soportas y que no puedes echar de tu vida, pues eres tú mismo el que te entrometes en tu camino. Éste es el caso de Luke, de mente fría y compleja, perdido en su propia cárcel, culpándose por un crimen que cometió hace mucho tiempo.
También nos odiamos exteriormente, creándo un canon de bellea que querríamos ser, perjudicando nuestra salud para conseguirlo, como Irina, que aunque ya es sólo huesos y piel, necesita estar más delagada, adoptando la anorexia cómo su forma de vida.
Y otras veces, simplemente odiamos todo lo que nos rodea, como Jack, un chico tachado de problemático, necesitado del dolor de los demás y creciéndose con el terror que produce su presencia.
La pregunta es: ¿Podrán estos chicos sobrevivir a su deseo de morir?
¿Qué pasará cuando sólo ellos sean los únicos habitantes de una ciudad sin nombre en la que la muerte acecha sin descanso?

Caí muerto por un segundo.


El que busca la verdad, acaba encontrándola. Y eso mismo es lo que temía. La verdad acabó golpeándome y dejándome tirado en el suelo, tiritando, la sangre corriendo por mi rostro.
Me lo merezco, soy un jodido cabrón. Era cuestión de tiempo que la vida volviera a darme otro palo, esta vez más doloroso que los anteriores.
Me perdí en el camino y el pánico se apoderó de mi cuerpo, cual fuego que se propaga con rapidez. Dejé de saber quién era, tampoco me importaba. Me alimentaba del aire cargado de rabia y odio que se arremolinaba a mi alrrededor. Las heridas de mis muñecas no sanaban, se hacían más profundas cada día y, al despertar, siempre encontraba a mi lado un cuchillo manchado de sangre.
Las ojeras eran más oscuras con el paso de las noches. Me estaba volviento loco. Me lo había buscado, era gilipollas a más no poder. La cércel de mi mente se tornaba más estrecha. No puedo respirar. No noto la presión y el pulso me baja. Hijo de puta, me grito antes de caer de rodillas. Tenía ganas de volver a vivir, de ser yo mismo, lejos de la tristeza y la hipocresía. Quería ser yo, sin preocuparme la existencia de los demás. Sólo necesitaba caer muerto durante un segundo. Reiniciar mi corazón contaminado de furia y nicotina.