sábado, 4 de diciembre de 2010

Buenas noches...


Llegué a casa, era realmente tarde, seguro que ahora recibiría una bronca de mi madre. Bueno, estoy acostumbrada, siempre me dice lo mismo. Dejo el bolso en la percha del recibidor y suspiro hondo, antes de abrir la puerta del salón.
Me quité los tacones y me puse de puntillas. Abrí la puerta de cristal opaco y me asomé un poco. La luz del final estaba encendida, confiriéndole a la habitación un aire de calidez y comodidad, como si me estuviera dando la bienvenida al hogar. Pasé y cerré la puerta. La calefacción estaba encendida y lo agradecí, ya que venía tiritando de las frías calles. Tal vez mi padre lo dejó todo así para mí. Sonreí, mi padre era la mejor persona del mundo. No obstante, había en la estancia un penetrante olor a alcohol. Pensé que era yo.
Caminé hasta el sofá, para sentarme un poco y descansar mis magullados pies. Dios, no debería haberme puesto estos zapatos.
Me quedé paralizada, se me cayeron los tacones al suelo, la barbilla empezó a temblarme. Me acerqué más al sofá. Mi madre yacía allí, con los ojos abiertos, mirando al infinito. Una botella de ron vacía descansaba en su flácida mano, otra en la mesita, junto a un paquete de pastillas.
No podía ser. No podía estar muerta. Me negaba en rotundo a esa realidad. Cogí una manta del respaldo del sofá y la tapé con ella. Le cerré los ojos y le quité la botella de la mano, colocándola a mi lado en el suelo. Me arrodillé y apoyé el rostro en su pecho, no sin antes darle un beso en la mejilla, aún cálida.
-Buenas noches, mamá- dije cerrando los ojos- Perdóname por llegar tarde.

3 comentarios:

  1. jopeeee :( n veasss, me encantaa cm describes todo cm lo sientes en estas frases tan cortas pero intensas, deseando leer mass xDD besitos wap

    ResponderEliminar